Escribo esto desde Caracas el 3 de enero de 2026 a manera de reporte y para aportar unas primeras reflexiones sobre los hechos ocurridos en Venezuela el día de hoy.
Los sobrevuelos y explosiones comenzaron a escucharse alrededor de las 2 de la madrugada y se prolongaron durante aproximadamente dos horas. Me encontraba fuera de casa en ese momento y tuve que trasladar en coche a unos amigos hasta sus viviendas y luego regresar a la mía, pasando cerca de Fuerte Tiuna, uno de los puntos de impacto. Lo vivido en esos minutos en las vías de Caracas, espero que nadie lo experimente alguna vez. No logré dormir sino hasta alrededor de las 7 de la mañana.
Hacia la tarde realicé un recorrido por la ciudad. Los ataques se concentraron mayoritariamente en instalaciones militares. No vi presencia de tropas estadounidenses en territorio venezolano: la operación parece haber sido puntual. Tampoco, al menos en Caracas, observé una presencia significativa de fuerzas de seguridad del Estado ni despliegues extraordinarios posteriores al ataque. La ciudad estuvo tranquila y solitaria, con la excepción de largas filas en supermercados y estaciones de gasolina. Es posible que esta situación se modifique en los próximos días a raíz de la declaratoria de estado de conmoción exterior.
En el plano político, durante la madrugada los principales altos mandos del gobierno -Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López y Delcy Rodríguez- se limitaron a emitir comunicados escuetos. Reaparecieron hacia la tarde de forma unificada en una alocución encabezada por Delcy Rodríguez, vicepresidenta, en la que defendieron explícitamente a Nicolás Maduro y reiteraron que es el único presidente del país. No ha habido señales de fractura en la cúpula.
Uno de los elementos más relevantes es la narrativa construida por Trump para justificar la operación. La insistencia en judicializar a Maduro bajo el argumento del narcotráfico le permite al presidente estadounidense evadir los costos políticos y legales de reconocer el hecho como un acto de guerra contra Venezuela. A ello se suma un tono abiertamente colonial e imperial en sus declaraciones. Trump, ha afirmado que el petróleo venezolano “le pertenece” a Estados Unidos y no ha ocultado su interés en controlar el país. Más aún, dejó abierta la posibilidad de nuevas acciones: afirmó que un segundo ataque había sido planeado pero que “no fue necesario”, al tiempo que sostuvo que “we’re going to rule the country” y que las fuerzas estadounidenses solo se retirarían cuando hubiese una transición.
En ese marco, resulta particularmente llamativo el desprecio explícito hacia María Corina Machado. Trump la calificó como una “nice lady”, pero sostuvo que no tiene ni el apoyo ni el respeto necesarios para gobernar. Más aún, afirmó que habían hablado con Delcy Rodríguez y que esta “iba a cooperar”.
A partir, tanto de las declaraciones de Trump como de la magnitud y precisión de la operación (difícil de imaginar sin algún tipo de colaboración interna), se maneja la hipótesis según la cual Maduro habría sido “entregado” por los otros actores de la cúpula chavista. Este acuerdo se habría visto favorecido al ofrecer mayor gobernabilidad versus un cambio de régimen pleno con la oposición al mando, lo que hubiese implicado movilización estadounidense en terreno. Solo no queda claro por el momento si el acuerdo incluye Maduro, petróleo y transición democrática o solo los primeros dos.
Siguiendo la anterior hipótesis, una muestra rápida y fuerte de que alguna clase de acuerdo incluyó el punto de transición democrática sería que Delcy Rodríguez declarara la ausencia de Maduro, asumiera la presidencia y convocara a elecciones. Sin embargo, esto no ha ocurrido. Por el contrario, los altos mandos parecen cohesionados en la defensa de que el presidente sigue siendo Maduro. No declarar una ausencia temporal o definitiva le permite a Delcy Rodríguez mantenerse como principal vocera y figura ejecutiva sin activar los mecanismos constitucionales que obligarían a una convocatoria electoral.
Por ahora, las preguntas clave serían las siguientes: ¿Se conformará Trump con haber capturado a su “pez gordo” mientras el chavismo negocia su subsistencia con Delcy Rodríguez a la cabeza? ¿En algún momento se hará explícito que el retiro estadounidense estuvo condicionado a una convocatoria electoral con participación de Edmundo González o de María Corina Machado? ¿O estamos, por el contrario, ante una demostración de resiliencia y cohesión de la élite chavista que Trump buscará dinamitar con nuevos ataques o presiones en los próximos días o meses?
En cualquier caso, lo que parece evidente es que las perspectivas de una transición democrática real en Venezuela no se activan de forma automática tras este episodio. Y, como siempre, los que pagaremos las consecuencias seremos las venezolanas y venezolanos.


