Importancia de las elecciones en EUA Fernando Barrientos del Monte

Tres razones por las que las elecciones en Estados Unidos

importan al resto del mundo

Probablemente las elecciones presidenciales en Estados Unidos de América (EUA) son las que más acaparan la atención de todos los medios de comunicación y por una gran parte de la población mundial. Procesos electorales o sucesiones en el poder de otras naciones poderosas como Francia, Alemania o Rusia apenas importan, comparativamente, hasta que el ganador ha sido declarado. Luego la atención disminuye. En cambio, desde que en EUA inician las campañas para las primarias, esto es, los procesos internos de selección de candidatos a la presidencia, los medios de comunicación se enfocan en ellas y el interés crece constantemente hasta que llega el día de la elección y la proclamación de la fórmula ganadora. ¿Qué explica este interés por  las  elecciones de Estados Unidos?

Primero. Estados Unidos es una de las tres democracias fundadoras en el mundo. La primera es Inglaterra, una monarquía parlamentaria y constitucional que nació de un profundo conflicto entre la nobleza y la burguesía conocido como la Revolución Inglesa (1642-1688), que restauró la Corona y dio mayores poderes de control al Parlamento definiendo así al modelo Westminster. La segunda es Francia, una república semipresidencial que nació también de una revolución, la Francesa (1789-1799), pero que, en comparación a la inglesa, según Alexis de Tocqueville, implicó un rompimiento con el pasado y la instauración de una nueva era.  Para Carlos Marx, la Revolución Francesa fue un cambio profundo porque se impuso una nueva clase, la burguesa, sobre la nobleza. Como sea, a partir de ese momento los derechos del hombre, ahora llamados derechos de las personas, adquirieron el carácter de universales y se difundieron por el mundo.

Pero los Estados Unidos nacieron como un país democrático. A la Guerra de Independencia (1775-1783) que implicó romper lazos con Inglaterra, le siguió un proceso constituyente, primero de la Confederación (1777) y luego de la Constitución de la Federación (1787), que junto con la Carta de los Derechos (1791), hacen que EUA tenga el diseño constitucional mas estable y vigente del mundo. En “La democracia en América” (1835), Tocqueville afirmó que el estado social de los estadounidenses era esencialmente democrático porque a diferencia de Inglaterra y Francia, los valores como la libertad y la igualdad ya eran compartidos por la mayoría de los ciudadanos.

Ello sucedió por las condiciones en las que llegaron los primeros colonizadores, con intenciones de desarrollarse en ese territorio, sumado a una ética protestante (advertida por  Max Weber) que promovía el trabajo como liberador. Al contrario de los españoles y portugueses que llegaron a América con el objetivo principal de extraer las riquezas. La abolición de la esclavitud y la ampliación de  los derechos   se fue logrando con dificultades pues permanecen aún el racismo, el clasismo, la misoginia y otros valores conservadores en su sociedad.

Segundo, la legitimidad y el funcionamiento de su sistema político se basa en una serie de reglas electorales relativamente simples, basadas en la lógica de la mayoría, (winners take all), con una gestión electoral altamente descentralizada y muy poco litigio post electoral, que de presentarse queda en manos de las instancias de justicia ordinaria. De hecho, el sistema electoral estadounidense ha sido el más estable del mundo. Desde 1789, no sin sobresaltos en algunos periodos, se han llevado a cabo procesos electorales de manera regular, 59 de ellos para elegir presidente. Los procesos para  las Cámaras de Representantes y de Senadores han variado. Inicialmente los senadores eran elegidos por las cámaras de diputados de cada estado, pero desde 1914 se eligen por el voto popular. La Cámara de Representantes desde sus comienzos ha sido electa por el voto directo y se han llevado a cabo 115 procesos electorales hasta 2020.

El bipartidismo estadounidense no se logró por reformas electorales ya que su constitución no contempla la existencia de partidos políticos; éstos fueron apareciendo progresivamente en todo el territorio desde lo local, y se conformaron con el pasar del tiempo en poderosas organizaciones ideológicas con presencia territorial y parlamentaria, que, con los efectos de las reglas electorales fueron confluyendo en dos grandes partidos. En EUA también se creó el sistema presidencial, una forma de gobierno que ha sido copiada por muchos países sobre todo en América Latina.

A diferencia del resto de las democracias, EUA  mantiene  el sistema de elección indirecta, que ha funcionado por más de 200 años, lo cual para muchos es una razón suficiente para mantenerlo. Las elecciones indirectas eran  comunes a finales del siglo XVIII en los países donde existían procesos electorales y las protodemocracias lo habían adoptado ¿Las razones? No existían los medios de comunicación que hoy tenemos, así que elegir a miembros que conformarían un “colegio electoral” era operativamente eficiente. Incluso, en algunos sistemas presidenciales se adoptó de la misma forma, como en Argentina hasta 1994. En el siglo XIX  los países fueron abandonando el sistema de elección indirecta e implementaron el sistema de votación directa producto de la ampliación del sufragio hasta lograr la universalización del voto igual, libre y secreto. En EUA la universalización fue compleja y tortuosa. La permanencia del Colegio Electoral daba certidumbre en los momentos de incertidumbre.

Desde la fundación, se ponderaron las ventajas y las desventajas del voto directo para elegir al presidente y al final pesaron más las ventajas del voto indirecto, como se puede leer en El Federalista (LXVIII) donde se expresa que los compromisarios (los miembros del colegio electoral), una vez reunidos, podrían elegir al mejor presidente sin las presiones del ambiente político que generan las campañas. El problema de este sistema es la posibilidad de elegir a un presidente que cuente con la mayoría de los votos electorales, pero no con la mayoría del voto popular, como en realidad ha sucedido  con George W. Bush (2000) y Donald Trump (2016). Los dos casos anteriores fueron en el siglo XIX: Rutherford Hayes, Republicano (1876), y Glover Cleveland, Demócrata (1888). El Colegio electoral se ha mantenido puesto que prevalece el argumento esgrimido desde el siglo XVIII de que pone en igualdad de condiciones a los estados más pequeños frente a los más grandes y/o más poblados. Los opositores al voto directo en E.U.A. piensan que su introducción podría desestabilizar el sistema federal y el bipartidismo norteamericano.

En tercer lugar, en el contexto internacional EUA es la nación más poderosa desde el fin de la Guerra Fría (1990) en términos del hard power, y durante casi todo el siglo XX aumentó su influencia en términos de soft power. Cada época de la historia política del mundo se caracteriza por la presencia de una potencia o conjunto de potencias mundiales, resaltado casi siempre una de entre todas. Desde la Paz de Westfalia (1648) se han sucedido como potencias España, Holanda, Inglaterra, Francia, y durante el siglo XX, lo fueron Estados Unidos y la URSS, pero con la disolución de esta última, en EUA ha recaído el “liderazgo hegemónico” como señala la teoría realista de las relaciones internacionales. Para que la economía mundial funcione y se mantenga, es necesaria la presencia de un estado que tenga la capacidad y la disposición de invertir recursos para mantener el  sistema. Es cierto que en el siglo XXI China, Rusia y la Unión Europea (UE) compiten por dicho liderazgo, pero las dos primeras son estados no democráticos, y la UE es una potencia económica, de soft power, pero no militar. China apenas gasta una tercera parte de su presupuesto militar en comparación con EUA, y si bien llega a estar en casi igualdad de condiciones respecto a su personal y armamento miltar, EUA posee el mayor número de cabezas nucleares del mundo, superando cinco veces a todas las naciones juntas.

Saber quien encabezará la nación con un poderío militar de tal magnitud, que equilibra el poder económico internacional, además de la influencia del soft power estadounidense en la cultura contemporánea, no es cualquier nota periodística. Como decía Tocqueville respecto al predominio político y cultural que tenía Francia en el siglo XIX sobre el resto del mundo occidental, y la responsabilidad colectiva que ello implicaba: “Si nos salvamos, salvaremos al mismo tiempo a todos los pueblos que nos rodean. Si nos perdemos, arrastraremos a todos a la ruina junto con nosotros. Según que tengamos la libertad democrática o la tiranía democrática, el destino del mundo será distinto.» Así podrían decir igualmente los estadounidenses en el siglo XXI.

Fernando Barrientos del Monte

Profesor Titular de Tiempo Completo en la División de Derecho, Política y Gobierno de la Universidad de Guanajuato y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Doctor en Ciencia Política con especialización en Política Comparada por la Universidad de Florencia, Italia. Autor de los libros La Segunda Vuelta Electoral. Orígenes, tipología y efectos (México 2019); Buscando una identidad. Breve historia de la ciencia política en América Latina, (México, 2014); Gestión electoral comparada y confianza en las elecciones en América Latina (México, 2011); y es coordinador del libro Historia y balance de la ciencia política en México (México, 2017). https://works.bepress.com/fernando_barrientos/ https://www.researchgate.net/profile/Fernando_Barrientos_Del_Monte2 https://www.researchgate.net/profile/Fernando_Barrientos_Del_Monte2

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